jueves, 26 de abril de 2012

PALABRAS SUELTAS

 PALABRAS SUELTAS

Sé que apenas soy nadie
¿Quién eres tú? ¿Lo sabes?
Me sobran todas las horas, todas las palabras, sus mástiles,
la que no son naturaleza del amor.
Compongo mi propia nada de lo absoluto
Mas tú no me besaste. Nada…

Echaste el ancla por primera vez
escuálido y huidizo instante.
¿Por qué no encuentro al hombre debajo de de todos los trofeos?
Ni cerca de la bruma, ni de la paz que no tienes
¿No he tocado sin música?
Sólo sé que no he oído tu risa, esa profunda y submarina
la que se extiende verde delicado como el dolor

Observa esta mi microscópica identidad,
mis diminutos dedos cumplen su círculo.
Escucha atentamente
lo inaudible, lo que te digo cuando no te miro.
Lejos de todo, arropado en la oscuridad
hubo otro lugar primero
infinito ciclo de magia, al que me transporta este velero,
al que me lleva el agua que golpea mis pies desnudos

He hecho de mi corazón un tesoro.
El mundo silencio del todo sonido.
Todo lo demás carece de centro.
No puedo, no me alcanza.
No puedo atesorar más que lo que no se puede apretar con las manos
…cosas mías, verdaderamente mías.

lunes, 19 de marzo de 2012




TAL Y COMO NO LO DESEO


Remachar las cuadernas de mi costado descosido.
Y tal como no lo deseo
y sólo con articular sin las mangas
este cansancio conocido, que me duele tanto.
Este destierro, desprende con su propia ira
oscuros silencios.
Esta armadura alcanza otras formas
como del árbol del hambre,
el de la certeza del retorno a la ciénaga

Sin olvidar que existo,
espadas cada tarde en mis ojos ebrios.
Son pájaros expulsados del paraíso.
Las lecciones del desamor como escenario.

El cielo y la tierra me ven desnuda en el laberinto
Y al final del día o de una noche, o de mi vida
la absolución del exilio.
Que como un príncipe deslenguado
aún no ha cumplido con lo prometido.
 

miércoles, 8 de febrero de 2012

el amor una ballena

presentación de  MERCEDES GÓMEZ BLESA
de el AMOR UNA BALLENA


LA ORTOGRAFÍA DEL CUERPO

    Siempre es grato acompañar a alguien que se estrena en el territorio de la palabra, grato compartir la emoción e inquietud de quien ve, por primera vez, impreso su nombre y sus versos en letras de molde. Gracias, Natacha, por ello.
    Este primer poemario de Natacha Vicente, El amor una ballena, es heredero, en gran medida, de la otra gran vocación artística de la autora, la pintura, pues en él encontramos una sucesión de imágenes de gran carga emotiva que van demarcando y describiendo la orografía interior del sujeto lírico. Podemos decir que, frente al discurso tradicional que ve a la figura femenina como objeto de representación y aquel otro que analiza, en cambio, a la mujer como sujeto de escritura literaria, intentaremos trazar un camino alternativo que atiende a la manera en que la mujer se percibe y se escribe a sí misma, poniéndose al mismo tiempo como sujeto artífice y como objeto de la mirada, logrando, así, lo que podríamos considerar como una “autonomía de la visión”.  La poesía de Natacha se inscribe, por ello, en una estetización de la experiencia cotidiana que lleva consigo una privatización del discurso, a través de una exploración de la intimidad, de la realidad interior, al par que una indagación y construcción de la propia identidad. El acontecer exterior es vivido en esta escritura femenina en relación con los sucesos internos, casi siempre afectivos. El cuerpo femenino será la geografía del desamor, o –utilizando un verso de Natacha- la “cartografía del no-amor”. El cuerpo aparece como espacio de revelación, como el lugar o topos donde la vida va demarcando sus hitos, dejando sus huellas para ir construyendo la trama que configura una biografía. El cuerpo habla y escribe, nos relata los posos que van dejando las vivencias en su encarnación, en su padecimiento. Recitemos estos versos del poema “Cartografía”:
“-Una impresión brusca me perfora, escuálida y marchita.
 -Se yergue judicial esta sospecha extrañamente opaca.
-Un súbito pánico de somnolencia que desplaza el sosiego.
-Una inconfundible pantalla de delirio.
-El brillo del espanto socavando mi abdomen”.

Recordemos, en este sentido, la conocida frase de Hèlene Cixous en La risa de la medusa: “Escríbete: es necesario que tu cuerpo se deje oír”. Las palabras del cuerpo, esos síntomas físicos, a veces bajo forma de hematomas, nos hablan del ejercicio de la violencia. Uno de los poemas más duros de El amor una ballena es, sin duda, el titulado “Flores de plástico”:
“Somos, llenos de hematomas,
lacerados
             sobre el hielo invertebrado,
hermosas, descarnadas y humildes emociones de piel
que se escapan junto a la sangre sobre los azulejos, por el desagüe.”

También el cuerpo acoge lo síntomas del dolor y de la automutilación:
“He dicho NO dos veces
          apuntalando el alba con el filo de la cuchilla
          que se apoyaba en mis muñecas”.

Pero el cuerpo también se revela como el lugar del gozo, del placer erótico siempre trasgresor del orden de lo cotidiano y subversivo de los tabúes de la moralidad burguesa que contribuye a la construcción de una mujer autodeterminada, consciente de su poder. El cuerpo de la mujer no aparece como un objeto contemplado y tomado por el hombre, sino como algo propio que se dice y se escribe sin cautelas ni pudores:
“Navego en tu cintura, sirena varada.
Boca a boca lleno de saliva
Un beso apelmazando todos los latidos.
Corazón prieto que vomita,
Regurgita sangre sobre las sienes.
Blandir de lenguas y dientes.
Trémula agitación cubierta de carne.
Azaroso, blando combate de entrega.
Acabaré bebiéndome tus entrañas.”

Pero dicho placer será recordado con nostalgia siempre desde la ausencia, desde la pérdida que confieren al poemario un tono desolado, rozando a veces el nihilismo, que resta la posibilidad de hallar la dicha y el amor que salve del vacío existencial: “ya sólo puedo amar las rosas que aún no han nacido en mi jardín”, nos dice Natacha. El amor siempre aparece descrito con imágenes que nos remiten a la imposibilidad, a la decepción, al sufrimiento y al fracaso. El amor, en boca de la poeta, es “una ballena varada”, “un fragmento de abismo”, una “arquitectura de abandono”, “un pedazo de buitre derrotado”, “un árbol podrido”. El amor es “un segmento de tierra yerma”, es “la vana quimera”. El amor es un “cadáver”...
    La desolación ante la derrota del amor conduce a la desesperanza, a una tristeza  “famélica” que no tiene cura, como vemos en el poema “Canción del alma que duele”. No es de extrañar, pues, que Natacha nos remita a la figura de la joven Ofelia lanzando  flores totalmente enajenada, perdida en las brumas de su locura amorosa. El aspecto inhóspito y desapacible de la ciudad se hace eco del desgarro interior del yo lírico a través de imágenes sombrías de arquitecturas quebradas:
“Aunque tú no lo sepas
la ciudad no es suficiente para escapar de esta herida,
......
Aúllan edificios inmensos.
Esforzadas tramoyas convocan un vergel de negras colgaduras.”
                                           (Arrestados)

Sólo queda el alivio momentáneo de fugaces encuentros que nunca acaban de calmar la desazón de la soledad, como relata el poema “Aún más solos”:
“Lamo las heridas tuyas, que se parecen tanto a las mías.
Eres como abrazar un espejo roto, cima o espalda.
Dolor por dolor, estanque de cisnes negros.”

O el único remedio al desasosiego y al abandono venga de manos del olvido:

“Ojalá no tuviera memoria,
no sintiera ausencia, ni paisaje,
ni orilla, ni horizonte,
ni entraña dividida, ni surco”
             (Canción del alma que duele).

O tal vez la solución esté en la aniquilación definitiva del cuerpo en tanto recinto del dolor, como se canta en el último poema que clausura el libro:

“Y desde la nada
mínimo, absoluto vacío
incluso de mí misma.

Fragmentada,
Hasta ser capaz de detener un rayo de luz.
Reducida sólo a fiebre y tiempo,
Hasta tener masa cero”.

Muchas gracias.

  




MUCHAS GRACIAS A TÍ , COMPAÑERA


   

martes, 19 de julio de 2011

As-sumut VI


Qué distinto proceso, qué distinto camino
nos acercó a ese primer café.
Un café que ahora figura lejano, imaginario.

La esperanza y el desasosiego.
La certeza quebrada, que siembra mi nombre en la arena de Tánger,
 y esconde, sabiendo que no entiendo:

“aini asertuki habibachi”

Tan hermoso y perfumado este embalaje,
de bruñidos zapatos, que te envuelve.
Mi animal bello. ¡Tan hermosa criatura!
Y tu boca cincelada, carnal, pulpa tierna.
Cómo no besarla, cómo no besarte.

Ya son las cinco de la tarde.
Un rayo atraviesa el dosel grana, sobre mi puerta,
un mudo quebranto de cisterna se derrama.
Desaparece la incertidumbre, se inclina la balanza.
Ya no hay duda:
Tú, sí eres ese tú esperado.
 

domingo, 19 de junio de 2011

Eso y nada más.


Eso y nada más.
El sol siempre equivocado
recorre un paisaje con la empuñadura de piedra,
construido de signos de cobre,
de los segundos que no me das.
Tú no eres atardecer, ni resbaladizo jabón,
ni la segunda letra de blanca pesadumbre,
extranjero de una trinchera deslumbrante.

Otra esfera hace un mapa.
De ningún lugar me toma.
Mientras me crece tu nada abisal,
mi garganta busca infinitas voces veladas,
que se aprietan en mi pecho fugitivo.
Sobre mi cerebro, vagando sin rumbo
lo qué busco en ti.
Cuido, rodeando los invernaderos,
los filamentos que te alumbran.
Balizas lanzo, que no lucernas,
como aviones trazando círculos sobre un incendio.
Exactos mis párpados de viento, que se derriten como la cera,
desmantelan las horas,
 ya sin nombre los días, sin ti.

sábado, 11 de junio de 2011

As-sumut V


Desde que tú te hallas,
voluntad, consentimiento.
Tú ocupas ese centro del mundo,
todo magma, densa matera caliente.
Construyes con tus palabras un paraíso cerrado,
un asiento, mi cama, un refugio.
La única y extensa colcha en la que reposo,
se forja desde tus labios.

Porque tú me amas amado, amigo,
bebo en tus pechos, respiro tu piel.
Nocturna tu hermosa  piel, todo sol.
Arcilla húmeda, bronce, esencia de cedro, tierra.
Sí, tierra…
en ti abrazo la tierra.
Todo carne, cetro, figura, joya, danza.

En ti anida un pájaro y un niño.
Se ríen y danzan descalzos sobre la arena y en el río,
destruyendo cómplices, perversos castillos, inagotables jaulas.